Análisis de la composición geométrica y perspectiva de una obra pictórica del quattrocento

Antonello da Messina: San Sebastián, 1475-76, óleo transferido de tabla a lienzo, 171 x 85 cm. Gemaldegalerie, Staatliche Kunstsammlungen, Dresde (realizado para la Iglesia de San Giuliano en Venecia).

Composición geométrica en el formato

Si ubicamos el centro de la composición, comprobamos que el formato contiene dos cuadrados que marcan fuertemente la disposición de los elementos de la escena; el cuadrado superior, que el pintor ha delimitado con la estructura del puente de fondo, destaca la parte superior del cuerpo del mártir sobre el fondo del cielo, mientras que el cuadrado inferior destaca el trabajo de perspectiva con el ajedrezado del suelo en escorzo, el paisaje de fondo y los personajes que disminuyen progresivamente de tamaño en la lejanía.

En sentido vertical la composición es muy equilibrada pese a que no es estrictamente simétrica. Si bien en la mitad izquierda la arquitectura y el propio cuerpo de San Sebastián tienen más presencia, el lado derecho se compensa con el peso visual del fragmento de columna ladeado y la mayor cantidad de personajes al fondo.

Análisis de la perspectiva

Para analizar el trabajo de perspectiva de la obra, hemos de verificar la convergencia de las líneas perpendiculares (al plano de representación).

Comenzamos con las líneas definidas por las baldosas. El punto en que confluyen define la altura de la línea del horizonte.

Las líneas perpendiculares de la arquitectura convergen hacia el mismo punto de fuga situado en el eje central de la obra, a la altura de media pierna de San Sebastián.

También la mayor parte de los personajes del fondo ubicados en una misma perpendicular decrecen de acuerdo con proporciones marcadas por líneas de fuga coherentes.

La única excepción son dos personajes a la derecha del mártir, que aparecen más pequeños de lo que les correspondería.

El cilindro del fragmento de columna, por su posición desviada respecto a la perpendicular, no fuga hacia al punto central, sino hacia un lateral, pero en este caso el pintor ha cometido un error pues en un sistema coherente de perspectiva todos los puntos de fuga han de converger sobre la misma línea del horizonte.

En conclusión

Escena compuesta con una armoniosa geometría basada en dos cuadrados y en ejes de simetría central, tanto horizontal, como vertical. La tridimensionalidad del espacio representado responde a las normas de la perspectiva lineal con punto de fuga central. La altura del horizonte permite pensar que la obra fue concebida para ubicarla en una posición alta, de modo que los espectadores contemplaran al santo mártir desde la altura de su pantorrilla. Si bien el autor domina el método de la perspectiva central, el inadecuado escorzo del fragmento de columna que yace en un lateral, demuestra desconocimiento de la perspectiva oblicua.

Otros elementos trabajados con consciencia de la perspectiva son la disminución del tamaño de las nubes, la variación angular con que aparecen clavadas las flechas en el cuerpo y la posición del personaje acostado en el suelo. La perspectiva atmosférica se manifiesta en la progresiva variación del tono azul del cielo, así como en la coherente fuente de iluminación y su proyección de sombras. Se ha conseguido un convincente claroscuro en el cuerpo del personaje central, si bien los colores no pierden intensidad ni contraste en la distancia, característica propia de la pintura del quattrocento.